La Nueva Fuerza de
Seguridad Americana
| No confunda el movimiento con la acción |
|
—Ernest Hemingway
|
Hoy en día, el mundo está radicalmente
diferente a lo que era hace 10 años: Vivimos en un mundo de altísima
velocidad en el que el ambiente geopolítico no tiene precedentes
en la historia humana, y nuevas y poderosas tecnologías están
apareciendo con velocidad vertiginosa. Grandes compañías
nuevas nacen diariamente y las antiguas empresas que quieren sobrevivir
se están recreando para realizar las oportunidades del próximo
siglo. Ahora es el momento para que Estados Unidos lleve a cabo transformaciones
similares en sus fuerzas militares.
Durante las próximas décadas, Estados Unidos tendrá
que resolver un cierto número de problemas de seguridad, con significativo
contenido militar, que no son predecibles en términos de tiempo,
espacio o especificidad. Dicha impredecibilidad significa que el país
tiene que desarrollar la capacidad de resolver problemas de seguridad (incluso
de mantenimiento de paz y ayuda humanitaria) sin saber exactamente cuáles
serán esos problemas. Felizmente, sabemos cuáles características
deben tener las soluciones: las soluciones tienen que ser muy rápidas
a fin de reducir al mínimo el daño que el agresor podría
infligir, o reducir al mínimo el sufrimiento humano asociado con
la guerra o con una catástrofe; las soluciones tienen que ser precisas
en concepto y ejecución; y el costo en dinero y vidas tiene que
ser aceptable. Si Estados Unidos quisiera protegerse y proteger sus intereses,
tiene que forjar una fuerza militar diseñada específicamente
para un mundo veloz, y una fuerza que pueda presentar probabilidades muy
elevadas de éxito tanto desde el punto de vista defensivo como desde
el punto de vista ofensivo.
Los cambios revolucionarios en el ambiente tecnológico y geopolítico,
por sí solos, deberían ocasionar transformaciones revolucionarias
en las fuerzas armadas de Estados Unidos. No obstante, además de
dichas transformaciones hay dos factores adicionales que dictan la necesidad
de un nuevo pensamiento: (1) la presión política nacional
para poder contar con una capacidad militar excelente a un costo razonable
y (2) una economía en expansión que tornaría muy difícil
el reclutar personas para las fuerzas armadas de Estados Unidos a los niveles
actuales de necesidad personal. La combinación de todos estos cuatro
factores torna imperativo este cambio.
Raramente en la historia de la humanidad, si es que esto sucedió
alguna vez, un país tuvo una oportunidad como esta de darse a sí
mismo mayor seguridad a un precio aceptable. Hoy en día, Estados
Unidos puede construir una fuerza de seguridad con las siguientes características:
-
Una fuerza que capitaliza los puntos fuertes singulares de Estados Unidos
en cuanto a tecnología, flexibilidad organizacional y agilidad individual.
-
Una fuerza que se mantiene al día con el progreso tecnológico
y, en verdad, estimula el ritmo de dicho progreso.
-
Una fuerza de finalidades múltiples que pueda derrotar los agresores
más poderosos, separar terceros combatientes y proveer ayuda a las
víctimas de catástrofes.
-
Una fuerza que combine tantos tipos diferentes de acciones ofensivas y
defensivas que represente un desafío arrasador a los agresores potenciales.
-
Una fuerza capaz de realizar sus objetivos (desde la derrota de los enemigos
hasta la ayuda en catástrofes) con una pérdida mínima
de vidas, con un riesgo mínimo de fracasos y a una fracción
del tiempo y de los recursos exigidos hoy en día.
-
Una fuerza que sea tan notoriamente eficaz que sus numerosos posibles agresores
simplemente decidan que la agresión es demasiado peligrosa.
-
Una fuerza que cueste menos a la vez que proporciona más seguridad.
-
Una fuerza que crea el futuro en lugar de reaccionar ante el mismo.
La receta no es un enfoque evolutivo a la seguridad, sino, es el producto
lógico de la era de la información y de la revolución
tecnológica militar. Es una receta para la primera fuerza militar
en la historia, diseñada específicamente para imponer un
choque sistémico a un adversario en cuestión de horas, a
la vez que establece tasas de bajas y de pérdidas muy pequeñas
como una característica primordial de la planificación de
la fuerza y de sus componentes. Además, sería la primera
fuerza en la historia que tendrá la oportunidad de llevar a cabo
una ofensiva tecnológica que definirá el futuro de la guerra
y, de ese modo, reducirá la posibilidad de que la misma ocurra.
Un aspecto importante de los servicios de asesoramiento que mi compañía
ofrece es ayudar a las empresas y organizaciones a reflexionar sobre su
estratégica básica. El proceso que usamos es muy directo.
Les pedimos que diseñen un cuadro significativo y mensurable del
futuro que pretenden crear, que descubran los centros de gravedad fundamentales
en los sistemas que necesitan transformar (su compañía o
mercado), que elaboren las campañas para alterar los centros de
gravedad y que decidan cómo pretenden concluir las fases y los productos.
Lo que sigue es un “cuadro futuro” de esa parte de la seguridad americana
que envuelve a las fuerzas militares. Un cuadro futuro es como una guía;
le muestra dónde usted quiere llegar, pero no le muestra los detalles
de cómo llegar. Lo que sigue se concentra en un cuadro futuro de
seguridad y algunas ideas con respecto a algunas de las campañas
que tal vez sean necesarias para alcanzarlo. Espero que haya un acalorado
debate sobre dichas ideas. El debate será más útil
si se sigue el modelo que se trazó anteriormente. ¿Es bueno
el
cuadro futuro? De no serlo, ¿cómo debería ser dicho
cuadro? Después que esas preguntas cruciales se traten, entonces
podremos debatir la validez de las ideas de la campaña. Sin embargo,
lo que necesitamos evitar es partir de una suposición de que lo
que tenemos es ideal ipso facto y exige, apenas, cambios marginales
para adaptarlo al nuevo mundo. El mayor error aislado que los países
y las organizaciones pueden cometer al elaborar estrategias es no definir
el cuadro futuro. No cometamos ese error.
Un mundo revolucionario
Estamos en aquello que es, casi de hecho, el periodo
más revolucionario en la historia de la humanidad. El éxito
en este mundo revolucionario exige un enfoque revolucionario de los problemas,
del pensamiento revolucionario, de la agilidad revolucionaria y de la velocidad
revolucionaria . Las mejores compañías de hoy en día—las
que crearon valores y riquezas notables en muy poco tiempo—tienen esas
características. Lamentablemente, esas no son las características
de las fuerzas americanas de hoy en día. Sin duda, esto no era necesario
en el mundo de ayer. Es necesario en el de mañana porque si Estados
Unidos no escoge usar el terreno elevado de la tecnología, otros
lo usarán. Vale la pena examinar con un poco más de profundidad
los diversos aspectos de ese período revolucionario porque ellos
son, al mismo tiempo, los propulsores de los cambios y los medios para
ejecutarlos.
En la era de la revolución de la información, las ideas
y la información se mueven rápidamente—tan rápido
que la información y las ideas pierden valor e impacto rápidamente
a medida que un número grande de personas y organizaciones intenta
contraponerse o transformar las ideas para atender sus propios fines. En
dicho tipo de ambiente, acumular información es contraproducente.
El éxito es de las personas que pueden explorar las ideas rápidamente.
La velocidad de la diseminación de la información está
directamente relacionada con los ciclos de tiempo del colapso de los productos
. Un ejemplo de dicha tendencia es el comentario de Michael Dell de que
su compañía (Dell Computer Corporation) mantiene, como máximo,
una reserva de piezas que sea suficiente para ocho días y medio;
mantener mayor cantidad de reservas sería una obsolescencia tecnológica.
La revolución de la información también se torna fácil
para que los novatos venzan en cualquier campo de competencia. Por ejemplo,
Amazon.com entró en el mundo de la venta de libros sin ninguno de
los equipamientos normales para ese tipo de negocios, y lo hizo con una
velocidad y una economía paralizantes. Las antiguas destrezas y
los recursos ya no proporcionan la defensa en contra de una invasión
que un día proporcionaron. Es de gran interés el hecho de
que la duración de las competiciones—sean éstas militares,
políticas o comerciales—están disminuyendo. El tiempo disponible
para vencer es sorprendentemente corto. Antiguamente, una nueva tecnología
tomaba, normalmente, mucho tiempo para ser empleada en una escala suficiente
para tener un impacto general, y para cuando estuviese teniendo un impacto
general, la probabilidad de que cualquier país o compañía
disfrutase de beneficios exclusivos era bastante pequeña. En el
mundo de hoy, la situación es diferente: una nueva tecnología
puede tener un impacto general enorme en un corto período y una
compañía, o país, puede cosechar las recompensas .
En la esfera militar, el caza stealth F-117 constituye un ejemplo
excelente. En alrededor de cinco años, el avión pasó
de un concepto a los escuadrones en campaña a un costo notablemente
bajo. Cuando apareció públicamente en un combate importante,
en la Guerra del Golfo Pérsico, el avión no sólo sorprendió
a Iraq, sino que, además, tornó en obsoletos todos los sistemas
de defensa antiaérea del mundo.
El Desafío del concepto de la Adquisición y el Empleo
La guerra tiene la probabilidad de ser una cosa muy distinta en el futuro—especialmente
para los Estados Unidos. Casi con certeza, el mundo aprendió una
lección del enfrentamiento catastrófico entre Iraq y Estados
Unidos (una lección reforzada por la experiencia de Serbia en la
primavera de 1999): indistintamente de lo que haga, no coloque en campaña
un ejército grande, costoso y lento. En vez de eso, ejerza sobre
sus enemigos una presión estratégica con amenazas o acciones
ambiguas que compliquen la decisión de Estados Unidos de intervenir.
Si usted debe actuar abiertamente, hágalo rápidamente para
presentar un hecho consumado y, luego, comience las negociaciones. Por
definición, usted no puede hacer un ataque de sorpresa y conseguir
un hecho consumado con una invasión terrestre. La invasión
en sí es muy lenta, complicada y obvia y, aunque tenga éxito,
deja al invasor desesperadamente vulnerable ante una potencia como Estados
Unidos que tiene la posibilidad y la disposición de apoderarse de
la supremacía aérea y atacar al invasor estratégicamente.
Si usted decide enfrentar a Estados Unidos, simplemente no puede esperar
vencerlo militarmente en campaña. En su lugar, es imprescindible
descubrir un modo de atacar uno de sus centros de gravedad—tal vez un ataque
indirecto a la población o un ataque que produzca mucha pérdida
financiera. En pocas palabras, el concepto newtoniano, clausewitziano del
campo de batalla en sí se ha convertido en un anacronismo.
Entonces, Estados Unidos tiene que encontrar modos de atacar los sistemas
centrales de los enemigos a fin de producir efectos muy rápidamente
sobre los sistemas, directamente. Por supuesto, dichos ataques necesariamente
tendrán por meta evitar casi totalmente las bajas entre los civiles—y
tal vez entre los militares—y además, hasta donde sea posible, los
daños no intencionales a la propiedad privada. Para realizar ataques
sistémicos impunemente, Estados Unidos necesitará de una
cobertura de armas que garantice incapacitar a cualquier intento de defensa.
De manera semejante, necesitará de una gran variedad de armas en
expectativa de que algunas de ellas sean apropiadas para atacar, mañana,
a un enemigo acerca del cual nada sabemos hoy. En la medida en que concordemos
de algún modo que el mundo ante nosotros es diferente, necesitamos
ver si nuestra estructura de fuerza y, por lo tanto, nuestros medios de
adquirirla están acorde con los tiempos.
Durante los largos años de la guerra fría, intentamos
construir nuestra estructura de fuerza de manera que la misma fuese apenas
suficiente—apenas suficiente para disuadir la guerra nuclear, apenas suficiente
para crear bastante incertidumbre por parte de los soviéticos de
manera que ellos titubearan en comenzar una guerra convencional, y apenas
suficiente para evitar perder el territorio en Europa Central, mas no lo
suficiente para llevar a cabo una ofensiva. Fuimos capaces de adoptar dicho
enfoque históricamente singular porque no teníamos sino un
enemigo del cual preocuparnos y creímos que lo habíamos medido
de manera adecuada.
Pero ahora estamos en medio de una revolución de información
y en un mundo dominado por la superioridad de la posición ofensiva—y
podemos proteger este periodo revolucionario hasta bien adentrado el próximo
siglo. En este mundo, el depender de una política de reaccionar
sólo ante una amenaza identificada como base de nuestra estructura
de fuerza puede ser catastrófica. Ya no contamos con el lujo de
depender de una perezosa Unión Soviética para que nos ofrezca
una amenaza mesurada. Más bien, tenemos que considerar cualquier
nación de una variedad de casi 200 y, quizás, un número
igual de grupos poderosos no-estatales, que tienen 400 o más proyectos
y 400 o más ideas con respecto a cómo combatir. ¿Cómo
podríamos estar preparados, ya sea ofensiva o defensivamente, si
dependiésemos de la reacción en ese tipo de ambiente? Estados
Unidos tiene que, sencillamente, abandonar su sistema de estructurar fuerzas
provocado por la amenaza.
Acordémonos de algunos sistemas provocados por la amenaza y que,
actualmente, están en alguna etapa de adquisición. El programa
C-17, que comenzó al inicio de los años 80, fue, en gran
medida, producido por la necesidad percibida de llevar 10 divisiones de
ejércitos en 10 días para Europa, a fin de contrarrestar
un ataque soviético terrestre en Europa Central. La entrega de los
C-17 a la Fuerza Aérea comenzó a mediados de los años
90, casi dos décadas después de haber comenzado la planificación
de los mismos y, por lo menos, media década después que su
razón de ser había desaparecido. Si bien estamos encontrando
buenos usos para el C-17, es sumamente improbable que ese fuese el avión
pedido y desarrollado en 1995 para su entrega en 1999. En otras palabras,
los largos ciclos de adquisición garantizan la obsolescencia conceptual
y tecnológica en un mundo ultra-rápido.
Para mencionar otro ejemplo, al inicio de los años 80, las organizaciones
de inteligencia de Estados Unidos propusieron una secuencia para los cazas
soviéticos Foxhound y Flanker. Nuestra respuesta, iniciada a mediado
de los años 80, fue comenzar a trabajar en el programa de Cazas
Tácticos Avanzados—conocido ahora como el F-22. Dicha aeronave,
planificada específicamente para que cupiera en los hangares de
la Organización del Tratado del Atlántico Norte y volara
sobre Europa Central, pueden tornarse operacionales 20 años después
de iniciado el programa—y será un sistema de armas planificado para
contrarrestar el tipo de tecnología de guerra que podíamos
visualizar hace 15 años y que los relativamente lentos soviéticos
hubiesen desarrollado a la vuelta del siglo. En contraste, Boeing tomó,
en 1990, una decisión empresarial de construir un transporte grande
innovador. ¿El resultado? En 1995, los Boeing 777 volaban con éxito,
y, el año siguiente, entraron en servicio en las principales empresas
aéreas.
Estados Unidos domina militarmente el mundo de hoy—y la razón
primordial de dicho dominio es que tiene armas de precisión, la
capacidad de encontrar blancos para ellas y los medios para entregarlas
de manera rápida y barata. Sin esos atributos, Estados Unidos no
tiene ninguna ventaja decisiva sobre la mayor parte de sus oponentes. Si
bien debemos mejorar la precisión de varias maneras, incluso la
capacidad de ataque en cualquier condición atmosférica y
el efecto de precisión, las mejoras que hagamos serán probablemente
módicas en comparación con las transformaciones de cuarto
orden de grandeza desde los B-17 durante la Segunda Guerra Mundial. En
el área de impacto de armas, estamos de igual manera muy por delante
del resto del mundo, principalmente a causa de nuestra capacidad stealth.
Sin embargo, es claro que no podemos suponer que permanezca la capacidad
de penetrar defensas impunemente. (Prueba de ello es la pérdida
de un F-117 en la guerra de Serbia.) Si impedimos las mejoras substanciales
en nuestra capacidad de lanzamientos, luego nos encontraremos incapaces
de usar armas de precisión de manera tan eficaz y barata como sea
necesario. Si esto acontece, perderemos nuestra superioridad ofensiva y
seremos incapaces de promover nuestros intereses de manera activa. Entonces,
¿qué sucederá?
La Nueva Fuerza
de Seguridad Americana — Pormenores
La respuesta es simple: No debería haber un “y entonces ¿qué
sucederá?” Nuestro objetivo debería ser ampliar la ventaja
que tenemos sobre el resto del mundo durante todo el nuevo siglo. Al hacer
esto, haríamos más por la paz mundial que cualquier otro
país fue capaz de hacer jamás. Tenemos que desarrollar y
colocar en campaña nuevos sistemas rápidamente, pero en cantidades
apenas suficientes para obligar a los enemigos potenciales a comprometer
esfuerzos imposibles para la defensa o simplemente abandonar la provocación
militar. En otras palabras, nos convertimos en la amenaza. En lugar de
seguir nuestra antigua práctica de desarrollar una nueva capacidad
ofensiva o defensiva en respuesta al desarrollo de alguien más,
nos convertiremos en la amenaza y obligamos a todos los demás a
que reaccionen a nosotros. Debemos definir y crear el futuro que queremos—no
esperar ser las víctimas del futuro de alguien más. Por lo
tanto, la pregunta no es cómo las fuerzas armadas de Estados Unidos
usará la tecnología para moldear el futuro que escoja.
Es fundamental para el nuevo enfoque el desarrollo rápido y la
colocación en campaña de un pequeño número
de armas, técnicas y plataformas revolucionarias, sumamente productivas.
La meta es ver por lo menos un sistema en campaña cada año,
al final de un ciclo de desarrollo de uno a tres años. Con un nuevo
sistema aéreo, espacial, terrestre o marítimo apareciendo
todos los años, los enemigos potenciales hallarían prácticamente
imposible elaborar defensas que funcionen. Más particularmente,
la defensa en contra de la Nueva Fuerza de Seguridad Americana en operación
sería asombrosamente difícil porque muchos diferentes tipos
de sistemas, viniendo desde una variedad de direcciones, altitudes, velocidades
y características espectrales, agobiarían la defensa. Siendo
una fuerza construida en torno a las armas de precisión de impacto
y precisión de efecto, dentro de 10 años a partir de cuando
sea adoptada la Nueva Fuerza de Seguridad Americana, las fuerzas de seguridad
americanas serán capaces de imponer una parálisis estratégica,
operacional y táctica a un enemigo del tamaño de Iraq en
menos de 30 horas a partir del inicio de la movilización de Estados
Unidos, con poca o ninguna destrucción planificada o irreversible.
Los mayores enemigos concebibles sufrirán las mismas consecuencias
en dos o tres días.
La Nueva Fuerza de Seguridad Americana necesita poca cosa en términos
de bases en el extranjero y no tiene necesidad de contar con depósitos
logísticos avanzados. Coloca muy pocas personas en riesgo en cuanto
al desempeño de sus funciones, porque es una fuerza sumamente intensiva
en capital que se ha librado de las plataformas y organizaciones dependientes,
para el éxito, de un gran número de personas.
Cuando el nuevo programa haya estado vigente por 10 años, la
capacidad de Estados Unidos habrá aumentado en un orden de magnitud
y el presupuesto de seguridad puede caer en los alrededores de un 20%,
en
dólares actualizados. Algunas personas pueden pensar que esta será
una estrategia imposible en un mundo de bajos presupuestos. Pero, ¿lo
será? Será imposiblemente cara si nos aferramos a las ideas
y cantidades de la guerra fría. Por ejemplo, tenemos un poco más
de 60 F-117, pero el mundo tiene que reaccionar a esos F-117 de la misma
manera que si tuviésemos cientos. Recuerden: en la nueva era el
efecto del adversario viene de la precisión, no de la cantidad.
Por otra parte, nuestro problema es que el mundo ha tenido más de
10 años para evaluar los F-117. Es (fue) sólo una cuestión
de tiempo hasta que algunos aprendan (aprendieron) cómo lidiar con
una aeronave nacida en la infancia de la era de las computadoras. Nuestra
respuesta debe ser un “F-118” tal vez un poco más stealth, pero,
más importante aún, que opere a un régimen de velocidad
y altitud significativamente diferentes—en un régimen en que las
defensas desarrolladas en contra del F-117 tengan pocas probabilidades
de ser eficaces. ¿Cuántos F-118 necesitamos? No muchos—tal
vez una o dos escuadrillas—porque el mundo tiene que reaccionar más
ante un par de esas escuadrillas de lo que reaccionaba ante millares de
F-4 o F-16, que dependían de la cantidad para el éxito. ¿Cuántos
diferentes tipos debemos tener en el inventario? Muchos, y todos radicalmente
diferentes—tal vez de 10 a 15 plataformas aéreas/espaciales/de guerra
de información substancialmente diferentes en la Fuerza Aérea,
cada una ocupando un nicho singular. Las demás armas deben tener
una mezcla comparable de plataformas. ¡Imagínense intentar
defenderse contra este tipo de fuerza!
Esta nueva estrategia es una ofensiva tecnológica. Debemos planificar,
desarrollar y colocar en campaña el equivalente a una escuadrilla
de un nuevo sistema de armas cada uno o tres años, para la mayoría
de los sistemas. Las pequeñas cantidades son relativamente baratas
si comenzamos con la idea de sólo producir pequeños números
y, luego, descartamos los viejos o los convertimos en alguna otra cosa.
Piensen cuan barato y rápido fue el programa de pocos F-117. Ser
rápido significa un enorme ahorro en los costos del programa. Pequeñas
cantidades significa que no necesitamos de una estructura gigantesca necesaria
para la producción por mucho tiempo, que casi siempre exige un potencial
de excesos irrealistas en la tasa de producción. Pequeño
y rápido significa menos costos de los programas, lo que, a su vez,
significa menos preocupación del Congreso con respecto a excesos
y ventajas indebidas. Por último, un nuevo sistema cada 3 años
más o menos significa que una gran cantidad de compañías,
tal vez un poco más ágiles y con menos personal que los gigantes
que son los contratistas de defensa de hoy en día, tendrán
oportunidades frecuentes de conquistar contratos del tamaño del
F-117. Más importante, bajo el nuevo enfoque, numerosas compañías
que proveerán sistemas revolucionarios ¡jamás habrían
tenido ocasión de venderle algo al gobierno!
Una revisión rápida del programa F-117 es ilustrativa,
en parte porque apenas 60 aviones han tenido un impacto más allá
de cualquier otra cosa en nuestra experiencia. En noviembre de 1978, la
Fuerza Aérea le pidió a Skunkworks de Lockheed (subsiguiente
a una propuesta del propio Skunkworks) que construyese cinco unidades de
desarrollo a gran escala y 15 aeronaves en producción. El primer
vuelo se efectuó en junio de 1981, y la primera unidad estaba lista
para volar en octubre de 1983. El costo de colocación en vuelo fue
de US$43 millones cada una, en comparación con los US$50 millones
de los F-15E, algunos años más tarde. Estos últimos
fueron apenas una variante del caza F-15 de superioridad aérea y
representó un perfeccionamiento lineal del F-111, que entró
en servicio durante la Guerra de Vietnam. El F-117 fue una aplicación
mortífera (en la jerga high tech de hoy) que tornaría
los sistemas de defensa antiaérea de todos obsoletos. ¿Adónde
vamos a invertir los dólares del mañana?
Podemos realmente hacer las cosas de manera rápida y barata,
y ya lo hicimos numerosas veces en el pasado—mucho antes de que tuviésemos
disponibles los poderosos instrumentos de diseño y fabricación
asistida por computadora que, a su vez, permiten la planificación
sin papeles, fundamental para los ciclos de tiempo rápidos. Los
ejemplos incluyen el programa U-2, que llevó ocho meses desde la
concepción hasta el primer vuelo, y el programa sumamente high
tech del SR-71 que pasó de una idea de la Agencia Central de
Inteligencia en 1957 a su fabricación en enero de 1960 y volar inicialmente
en abril de 1962. La capacidad de operación inicial (OIC) fue en
noviembre de 1965; en otras palabras, cinco años después
que Skunkworks recibió la tarea para el IOC. El costo de US$100
millones (dólares en aquel año) para los primero cinco y
para una capacidad que 40 años después ¡aún
no tiene comparación! El ejemplo final es el Minuteman I, nuestro
primer misil balístico intercontinental de combustible sólido,
que fue de un pedido de financiamiento del proyecto en enero de 1959 al
IOC en diciembre de 1962.
Los programas de ciclo corto son realmente poco costosos cuando se comparan
con su impacto. Todos los proyectos de Lockheed fueron baratos—y también
eran muy baratos en comparación con la mayoría de otros programas
tradicionales importantes. En el mundo de hoy, el tiempo es lo que cuesta
dinero. La historia de los programas de ciclos cortos en las esferas comerciales
y militares indica que es posible colocar en campaña un nuevo sistema
de armas muy eficaz—si mantenemos bajas las cantidades—por US$2 a US$15
billones. ¡Tengan presente que esos dólares compran una capacidad
militar en campaña!
Los contratos pequeños (US$2 a US$5 billones) con una duración
máxima de cinco años permiten que firmas no tradicionales
entre en el negocio de seguridad. Esto aumentará la competencia,
la innovación y la calidad de los productos, al igual que proveerá,
de manera significativa, más oportunidades de que los grandes contratos
hechos una vez por generación, se tornen, últimamente, en
un estilo de vida.
Es imprescindible percibir que estamos en una era de transformaciones
rápidas. Si una compañía de semiconductores comprase
una máquina para fabricar chips y declarase que los usaría
por los próximos 30 años, todos se reirían y las acciones
de la compañía caerían. Aún así, esto
es exactamente lo que el gobierno de Estados Unidos está proponiendo
para virtualmente cada uno de sus aviones, buques y tanques.
Algunos lectores cuestionarán la idea de que necesitamos plataformas
nuevas. Alegarán que las armas nuevas y los nuevos software
son adecuados y que necesitamos continuar usando las plataformas existentes
durante las décadas venideras. En mi opinión, hay objeciones
a ese enfoque que lo descalifican. Primero, una aeronave como el F-22 volará
exactamente a la misma velocidad y tendrá, más o menos, el
mismo alcance y capacidad de carga de aquí a 30 años. Eso
significa que todos los adversarios potenciales tendrán años
para desarrollar defensas contra una plataforma física relativamente
fija. Eso significa que de aquí a 30 años aún tendremos
que encontrar bases dentro del radio de acción del F-22 reabastecido,
que aún tomará X horas para llegar a la zona del blanco—después
del desplazamiento a una base avanzada—y así sucesivamente. Significa
que no vamos a construir nada nuevo porque tenemos mucho dinero “enterrado”
en el viejo sistema. Significa que nos convertiremos en prisioneros del
pasado. Si hubiese una razón apremiante para permanecer congelados,
o si no tuviésemos la capacidad de alcanzar aumentos regulares de
un orden de grandeza en capacidad y si supiésemos cómo va
a ser nuestro futuro, entonces un avión de 30 años—en dólares,
oportunidad y riesgo—es simplemente prohibitivo. Vamos a crear un futuro,
no adaptarnos a el defensivamente.
Parece difícil argumentar que hay barreras técnicas en
la construcción de sistemas nuevos cada uno a tres años.
Algunas personas quizás piensen que el mantenerlos es una dificultad,
pero, de hecho, si aplicamos el tipo de calidad Six Sigma que Motorola
y Texas Instruments usan, no hay razón para suponer que las cosas
se quebrarán mucho.1 Altas tasas de rompimiento fueron
realmente una función de un enfoque de capacidad de mantenimiento
en una guerra de desgaste—construya bastante, compre excedentes de repuestos
y supere el problema con números. Vean las tasas de disponibilidad
de los F-117 durante la guerra: muy por encima del 80%.
¿Y con relación al entrenamiento y el empleo? ¿No
sería eso una pesadilla? No en realidad, porque construiríamos
los nuevos sistemas usando equipo equivalente al sistema Windows de operación
de computadoras. Si sabemos cómo lidiar con Windows, podemos hacer
lo básico de casi cualquier programa, incluso si nunca lo hayamos
visto antes. En otras palabras, el qué y por qué de un sistema
nuevo se torna transparente para el operador. Ahora piénselo desde
el punto de vista del comandante operacional. ¿No le gustaría
tener 10 ó 15 sistemas radicalmente diferentes con los cuales atacar
o defenderse de un adversario acerca del cual usted no supiese nada hasta
días u horas antes de que comiencen las hostilidades? ¿O
preferiría estar enterrado con apenas uno o dos tipos de sistemas
para los cuales usted sabe que el enemigo ha tenido años para planificar
una defensa?
Todo esto es factible—desde el punto de vista técnico y operativo.
Pero, ¿será políticamente factible? Sí, si
se torna una estrategia nacional organizada desde la Casa Blanca y apoyada
por el pueblo americano. Lo convertimos en una política nacional
convenciendo al Presidente y al Congreso de que no solamente tiene mucho
sentido para el país sino que, además, es atractivo políticamente.
La administración se libra de la necesidad de defender un programa
que tal vez haya sido iniciado por el cuarto o quinto Presidente anterior,
por razones que se tornaron obscuras. El Congreso ve una gran cantidad
de contratos menores yendo a compañías en numerosas áreas
del país en vez de uno o dos contratos grandes por generación
yendo para uno o dos estados. Y los proyectos terminan en cuanto la mayoría
de los congresistas, que votaron originalmente por esos proyectos, aún
están a cargo; por lo menos 1/3 del Senado no tendría que
concursar para reelección. ¡Considere cuánta estabilidad
esto trae para el financiamiento! A los empresarios les gusta porque esto
reabre el juego para aquellos que no han sido, tradicionalmente, grandes
productores de la defensa. Al pueblo americano le gusta porque ve los resultados—resultados
espectaculares—frecuentemente. Todos ganan, en comparación con el
presente sistema en que muy pocos ganan y en el que la satisfacción
está notablemente ausente.
La oposición a la Nueva Fuerza de Seguridad Americana será
tenáz, como fue la oposición a todos los nuevos conceptos
e ideas militares. El Ejército se resistió al rifle de repetición
y a la ametralladora; la Armada combatió el abandono de los buques
de vela; el último regimiento de caballería montada sobrevivió
en Estados Unidos hasta 1943; la Fuerza Aérea resistió el
cambio de la hélice por la propulsión a chorro: y todas las
Armas y comandos luchan desesperadamente para impedir la reducción
de personal o de presupuestos. Muchas personas argumentarán que
el enfoque conservador de los asuntos de seguridad es necesario. Ellos
tienen razón, salvo que, en el mundo de hoy, el enfoque conservador
es el enfoque de alta velocidad, no la metodología de ayer, de cambios
lentos. La Nueva Fuerza de Seguridad Americana también exigirá,
de hecho, una reestructuración radical de la comunidad de adquisición—incluso
con la eliminación completa de los sectores creados para administrar
los asuntos de la guerra fría.
Nuestra estrategia de ofensiva tecnológica nos permite explorar
la tecnología y la integración, en la que somos excelentes.
Esto significa que enemigos potenciales enfrentarán problemas multifacéticos
que tornan a la defensa casi imposible. Significa que siempre tendremos
un sistema en operación que es casi moderno, y que no es exactamente
el caso con los programas de 20 años hoy en día. Finalmente,
podemos tener un programa accesible incluso en una época en que
los presupuestos de la defensa podrían revertir a sus niveles históricos
en Estados Unidos de 1,5 a 2% del producto interno bruto. De manera muy
simple, la alta tecnología, hecha correctamente es barata—mucho
más barata que el equipo de baja tecnología de la guerra
de desgaste que ahora es una parte tan grande de nuestro inventario. Por
lo tanto, podemos tener una Fuerza Aérea permanente muy grande,
incluso hoy mismo, si medimos el tamaño en términos de resultado—efecto
sobre el enemigo—en lugar de medirlo a partir de cifras como los números
de aeronaves, toneladas de bombas y así sucesivamente.
Las Armas en la
Nueva Fuerza de Seguridad Americana
La mayor parte de las armas serán radicalmente diferentes en
la Nueva Fuerza de Seguridad Americana. Serán mucho menores en términos
de personal y mucho más poderosas en su capacidad de afectar un
adversario o de socorrer a víctimas de una catástrofe. Los
siguientes puntos ilustran la apariencia que cada una tendría si
la próxima administración buscase agresivamente alcanzar
esa estrategia:
-
El Ejército: En el 2010 el Ejército se torna en una
fuerza más rápida que explora el choque y ya no necesita
tanques pesados ni artillería aunque, como transición, el
equipo pesado permanece en la Guardia Nacional y en la Reserva. Su personal
total activo cae cerca de la mitad, pero en 2010 es capaz de emplear poder
significativo desde los Estados Unidos en alrededor de 30 horas.
-
El Cuerpo de Infantería de Marina: Los Infantes de Marina
permanecen esencialmente del mismo tamaño, pero adquieren nuevos
sistemas de alta tecnología en pequeñas cantidades, para
aplicaciones específicas. El Cuerpo de Infantería de Marina
provee una garantía en caso de que sean inesperadamente necesarias
las fuerzas intensivas en el trabajo y es una fuerza fundamental en las
operaciones de emergencia de evacuación de no-combatientes.
-
Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF): La organización
y estructura de las SOF no cambia apreciablemente. Las SOF continúan
su dedicación sumamente especializada de tratar con pequeños
problemas que exigen la intervención humana de precisión
en el escenario.
-
La Fuerza Aérea: En el 2010 la Fuerza Aérea ve su
capacidad de afectar el incremento del enemigo por más de una orden
de grandeza, mientras que su inventario total de aeronaves de combate tripuladas
cae alrededor de 1/3 de las cantidades de hoy. Sin embargo, al mismo tiempo,
la cantidad de vehículos aéreos no tripulados de vanguardia
sube de ninguno hoy en día a más de cien. Su énfasis,
en términos de plataforma, es en la velocidad muy alta, duración
y alcance, al igual que la productividad muy alta. De manera semejante,
las fuerzas espaciales activas desempeñan un papel substancialmente
mayor con el advenimiento de las armas basadas en el espacio, ofensivas
y defensivas (que exigirán cambios de política que, de cualquier
modo, son probablemente inevitables). El número de personas en la
Fuerza Aérea cae considerablemente, sin embargo, aquellos que permanecen
son mucho más productivos porque tienen mejores herramientas. Comenzando
con el advenimiento de los nuevos sistemas de combate, la Guardia Nacional
y la Reserva se encargarán de alrededor de 1/3 de los nuevos sistemas
a medida que son producidos, con excepción de los nuevos bombarderos,
y la Guardia Nacional y la Reserva son integradas con las alas activas
de manera muy parecida a su integración con las alas de transporte
hoy en día. Las fuerzas de misiles nucleares basados en tierra no
serán necesarias en 2006 ya que las fuerzas convencionales son capaces
de imponer cualquier grado de daño deseado al adversario. En el
caso improbable de que necesitemos lanzar un arma nuclear, cualquiera de
los bombarderos stealth de largo alcance y alta velocidad o los misiles
balísticos de la Armada, lanzados desde el mar, estarán disponibles.
-
La Armada: En la Nueva Fuerza de Seguridad Americana, la Armada
elimina sus portaaviones de plataformas grandes. Una plataforma creada
antes de la Segunda Guerra Mundial para servir a las aeronaves de ataque
de corto alcance ya no es necesaria cuando las aeronaves basadas en tierra
y las armas basadas en el espacio tienen amplio alcance para llegar a cualquier
zona. Sin embargo, como medida de transición, la Armada conserva
sus portaaviones de plataformas pequeñas para apoyar las operaciones
del Cuerpo de Infantería de Marina. Mientras que la Armada reduce
su dependencia de los portaaviones de plataformas grandes, intensivos en
el trabajo, lanza al campo un diseño nuevo de buque cada año
(con cinco a diez buques en cada clase) para las operaciones stealth
de alta velocidad contra buques enemigos o criminales. Los nuevos buques
sólo tienen una fracción de la tripulación de hoy,
sin embargo son mucho más eficaces a causa de su alcance, velocidad,
baja visibilidad y armas de precisión. Cada par de años,
la Armada también pone en campaña un nuevo submarino que
es más letal y más productivo desde el punto de vista entre
tripulación y capacidad. Los nuevos submarinos y buques de superficie
están todos equipados para llevar vehículos aéreos
no tripulados de tecnología avanzada. Como ocurre con el nuevo programa
de vehículos aéreos espaciales, los nuevos buques no son
el prototipo de buque para la producción en masa, sino, son vehículos
singulares concebidos para capturar la tecnología más reciente
en armas, materiales, propulsión y capacidad de computación.
-
Misiones menos tradicionales: Todos los componentes desempeñarán
un papel en la separación de terceros combatientes, en las operaciones
de iluminación (una nueva forma de guerra de información),
ayuda en casos de desastre y supresión de armas de destrucción
en masa. No obstante, en cada una de esas, el énfasis será
en hacer un trabajo con un equipo intensivo en capital que requiera poca
o ninguna infraestructura terrestre en la zona del blanco.
-
Programas de armas: El proceso de adquisición de armas será
similar al proceso de adquisición de plataformas en el aspecto de
que la meta es producir, con más frecuencia, un número menor
de armas radicalmente nuevas. Dichos programas serán exiguos y renitentes
porque no necesitan mucho espacio e infraestructura de apoyo para producir
grandes cantidades de municiones de la era industrial. Habrá buenos
intercambios entre los programas de armas y de plataformas—algo que es
difícil hoy a causa de los tiempos de desarrollo de las plataformas
que duran décadas. Esos largos tiempos de desarrollo virtualmente
garantizan que tanto las armas como las plataformas estarán muy
por detrás de lo que es posible tecnológicamente.2
Con ciclos de tiempo cortos (uno a tres años) para las plataformas
y ciclos aún más cortos para las armas, será factible
optimizar las armas para las plataformas y viceversa, dependiendo de dónde
estén las ventajas relativas. Además del desarrollo rápido
de las armas letales (si bien cada vez más con precisión
de efecto y precisión de impacto), el programa nuevo también
elaborará armas no-letales. Estas últimas tendrán
gran utilidad para tratar con problemas de terceros y le proveerán
a Estados Unidos una opción de preferencia utilizable políticamente.
Además, el programa nuevo acelerará el desarrollo de las
armas de energía para acciones ofensivas y defensivas. También
veremos el desarrollo de “armas” para ayuda en casos de desastre, desde
alimentos a medicamentos a refugios, que pueden ser lanzadas desde una
variedad de plataformas aéreas cuyos deberes primordiales sería
el combate. Jamás encontraremos la situación absurda que
enfrentamos en Kosovo, donde podíamos lanzar bombas letales, pero
nada podíamos hacer para ayudar a la población hasta tanto
terminasen las hostilidades.
Desempeño: El elemento de medida primordial de una estructura
de fuerza es cuán rápidamente ella puede imponer una parálisis
operacional y estratégica a un adversario. Esto no quiere decir
que una imposición de parálisis estratégica u operacional
sea suficiente en todos los casos; no obstante, lo que sí quiere
decir es que una vez que un oponente está en un estado de parálisis,
se torna más fácil de lidiar con él que cuando estaba
activo. Sabemos, por experiencia histórica, que una organización
militar encima de un nivel táctico pierde su capacidad de funcionar
operacionalmente cuando sufre pérdidas rápidas de comunicación,
abastos, transporte y principales sistemas de armamento. En la Guerra del
Golfo Pérsico, el General Norman Schwarzkopf adoptó una posición
muy conservadora de que un 50% del desgaste impuesto al ejército
iraquí en Kuwait lo tornaría ineficaz, y decidió no
comenzar las operaciones de guerra hasta que alcanzase ese número
por medio de ataques aéreos. Nosotros no tenemos una intuición
tan buena de qué porcentaje de blancos estratégicos deben
ser atacados, pero una suposición bastante conservadora de que un
90% colocaría cualquier organización fuera de combate parece
más que razonable. En el 2010, la Nueva Fuerza de Seguridad Americana
será capaz de imponer dichas pérdidas a un enemigo del tamaño
de Iraq en apenas un poco más de 24 horas, a partir del inicio y
sin desplazamiento—y hacerle lo mismo a otro enemigo 24 horas más
tarde. En otras palabras, la idea de una Nueva Fuerza de Seguridad Americana
resuelve los múltiples problemas de contingencia sin, prácticamente,
costos adicionales. La velocidad y el alcance son baratos cuando se comparan
con lo que proveen y con lo que nos libran de hacer.
|
| TOPSECRET |
| Un mundo revolucionario |
| La Nueva Fuerza de Seguridad Americana |
| Las Armas en la Nueva Fuerza de Seguridad Americana |
| Resumen de la Nueva Fuerza de Seguridad Americana |
| Conclusiones |
| Coronel John Warden III |
| Pagina Principal |
|
|
Blackbird SR-71
|
|
|
F-117 Nighthawk
|
|
|
F-22 Raptor
|
|
Además de equipo, será necesaria una transformación
organizacional significativa para permitir que Estados Unidos opere en
el mundo rápido de la era de información. Dichos cambios
se extenderán mucho más allá del Departamento de Defensa
(cuyo nombre debe cambiar), pero vamos a restringirnos en este momento
para tratar la organización militar. Primero, el Presidente es nombrado
comandante en jefe por la Constitución. Durante la mayor parte de
la historia de nuestra nación, por lo menos dos militares—especialistas
en asuntos de fuerza—han tenido acceso directo al Presidente. Durante la
Segunda Guerra Mundial, cuatro oficiales tuvieron un acceso fácil
y regular. Con el asesoramiento directo de los especialistas, el Presidente
tenía la información que necesitaba para tomar decisiones
con respecto a cursos alternos de acción. En el mundo de hoy, un
oficial tiene acceso, pero es limitado. Por lo tanto, el Presidente depende
de un asesoramiento filtrado y tiene delegada esencialmente la responsabilidad—algo
que no le es permitido hacer. En segundo lugar, las organizaciones militares
están estructuradas, en gran parte, como eran al fin de la Segunda
Guerra Mundial. Nuestras fuerzas están divididas en “comandancias”
(CINCdoms) geográficas, en las que el comandante local tiene la
responsabilidad de la batalla presente, pero no tiene la responsabilidad
ni los medios para prepararse para las amenazas globales del mañana.
Un sistema organizacional desarrollado cuando las comunicaciones y las
vías aéreas estaban en la infancia, tiene poca relevancia
en el mundo de hoy. Es esencial una reestructuración radical para
permitir la concentración de recursos en el centro, desde donde
se pueden despachar para alcanzar resultados rápidos y regresar
rápidamente para prepararse para una nueva operación. El
propio cambio organizacional nos ayudará de manera significativa
a reflexionar sobre los múltiples problemas de contingencias simultáneas.
Estas son apenas dos ejemplos de disfunción organizacional. Muchos
más existen en nuestras propias armas, que tienen una estructura
que Federico el Grande hubiera reconocido inmediatamente. No es la respuesta
correcta.
La Nueva Fuerza de Seguridad Americana es acerca del equipo, personal
y estructura necesarios para garantizar que Estados Unidos pueda promover
sus intereses por un tiempo largo hacia el futuro. No se trata de defender
con celo antiguas prerrogativas o resistirse al cambio. El resto del mundo
está haciendo ajustes rápidos y traumáticos ante la
era más emocionante de la historia humana; las Fuerzas Armadas de
Estados Unidos deben estar a la vanguardia, no a la retaguardia.
Conclusiones
Esperamos no tener que ir a la guerra en el futuro próximo.
Sin embargo, si vamos, es imperativo que Estados Unidos venza—de manera
rápida, barata y en sus propios términos. Estados Unidos
debe ser capaz de dictar el resultado de cualquier guerra, por lo menos
tan claramente como dictara el resultado de la guerra a los iraquíes.
No se trata de un combate caballeroso “mano a mano”, sino un combate
que vencerá al enemigo en minutos, sin derramar una gota de sangre
que no haya sido planificada derramar, de ambos lados. De manera similar,
cuando las vidas humanas están en riesgo después de una catástrofe,
deberíamos ser capaces de hacer algo al respecto inmediatamente.
Podemos hacerlo, y podemos garantizar una paz larga y próspera para
Estados Unidos y para todo el mundo si empujamos de manera agresiva nuestra
tecnología y ventajas intelectuales. Nuestra meta tiene que ser
dominar la revolución tecnológica militar para el próximo
siglo. Podemos hacerlo—si adoptamos una estrategia nueva y nuevas ideas
cónsonas con la revolución de información, no una
estrategia atascada en la era industrial. Estamos en un período
genuinamente nuevo de la historia, con oportunidades sin precedentes de
promover la paz y la prosperidad. Sin embargo, en esta nueva era, no podemos
permitir el uso de ideas o medidas de ayer. Tenemos que encaminarnos hacia
una Nueva Fuerza de Seguridad Americana.
Notas
1. “El Six Sigma de Motorola requiere que un proceso opere de manera
que la más próxima exigencia de ingeniería requerida
es, por lo menos, más o menos seis sigmas (seis medidas de dispersión)
de la media del proceso”. Thomas Pyzdek, “Motorola’s Six Sigma Program”,
1997; on-line, Internet, 7 July 1999, disponible en http://www.qualitydigest.com/dec97/html/
motsix.html
2. Como ejemplo, la Fuerza Aérea ha elaborado un concepto conocido
como “pequeña bomba inteligente” que tiene el potencial de multiplicar
la eficacia del lanzamiento de bombas por aeronaves por un factor 3. Lamentablemente,
habrá dificultades en incorporarla a una nueva aeronave como el
F-22 porque el programa de esa aeronave es tan masivo que cambiarlo para
acomodar nuevas tecnologías resultaría costoso y difícil. |
|
Resumen de la Nueva Fuerza de Seguridad Americana
Características de fuerza deseadas: Las fuerzas militares
de Estados Unidos deben tener las siguientes características:
• Capacidad de conducir operaciones en torno al planeta
con poco, o ningún, tiempo de aviso previo.
• Capacidad de llevar a cabo operaciones exitosas
sin depender de bases en el exterior.
• Una serie de capacidades ofensivas y defensivas
que ningún agresor real, o potencial, tenga ni siquiera una pequeña
oportunidad de derrotar.
• Capacidad de imponer una parálisis nacional
y estratégica a cualquier adversario en 24 horas, o menos.
• Una mezcla de armas letales y no-letales que tengan
precisión de impacto y precisión de efecto (caen donde deben
caer y producen apenas los daños necesarios para alcanzar los objetivos).
• Capacidad de capitalizar la tecnología para
que la tarea que ha de efectuarse sea en tiempo mínimo, con el mínimo
riesgo y con tan pocas personas expuestas al fuego enemigo como sea posible.
• Capacidad de ser sumamente asimétrica con
relación a los adversarios potenciales.
Nuevo enfoque: Los avances en la tecnología y la necesidad
de contar con una fuerza global capaz de derrotar a cualquier agresor futuro
permiten y exigen un nuevo enfoque de dimensión y adquisición
de fuerza:
• No es posible predecir qué enemigos potenciales
aparecerán o qué capacidades tendrán; por lo tanto,
la estructura de fuerza de Estados Unidos no puede más basarse en
la respuesta a una amenaza, como era durante la guerra fría.
• La más alta probabilidad de derrotar a un
adversario futuro vendrá de contar con múltiples plataformas
y armas de ataque (y defensa) que utilicen la tecnología más
moderna. Los enemigos potenciales tendrán poca, o ninguna, oportunidad
de crear las defensas apropiadas.
• Para aprovechar la tecnología más
moderna, tenemos que abreviar los ciclos de desarrollo de armas (no más
de uno a tres años, como en el caso del SR-71, U-2, F-117, Boeing
777 y GBU-28).
• En el 2010, Estados Unidos puede tener un mínimo
de ocho a diez nuevas plataformas de armas importantes (en el aire, tierra,
mar y espacio) y un número mayor de nuevas armas (bombas, rayos
y otros dispositivos). El impacto de dicha fuerza en un oponente puede
ser muchas veces mayor de lo que es posible actualmente.
• Cada nuevo sistema de plataformas tendrá
apenas un pequeño número de “vehículos” (no más
de 20 ó 30, en la mayoría de los casos). Líneas de
producción pequeñas y para la utilización de una sola
vez significa que muchas compañías nuevas pueden participar,
porque no necesitan mucho espacio, gastos indirectos y compromisos financieros
por décadas, que son los requisitos de la industria de la defensa
de hoy en día. Pequeños números son posibles porque
cada uno de los nuevos sistemas es sumamente productivo—muchas veces más
productivo que la mayoría de los sistemas actuales.
• El costo de un amplio incremento en la capacidad,
acoplado a un significativo decrecimiento en tiempo de reacción
será menor, en términos anuales, de los de las fuerzas de
hoy (incluso plataformas, personal, mantenimiento de bases, adquisiciones,
etc.) y será un porcentaje en escala decreciente del producto interno
bruto.
• El desarrollo y la colocación en campaña
de dicha fuerza se puede hacer pero sólo con un nuevo enfoque a
la estrategia y las adquisiciones. Esto también exige una transformación
cultural—la capacidad de cambiar de un concepto de fuerza nacida en la
era industrial a otra nacida en la era de las computadoras y no medida
por el número de cosas o personas que hay en ella, sino por su capacidad
de afectar un adversario.
• La Nueva Fuerza de Seguridad Americana crea el
futuro. |
|
El Coronel John Warden III, USAF (R), (Licenciatura,
Academia de la USAF; Maestría, Texas Tech University) es presidente
de las compañías Prometheus Startegic, Inc., y Venturist,
Inc., en Montgomery, Alabama, dedicadas a la consultoría y multimedia
de vanguardia y se especializan en los mercados políticos, de negocios
y de entretenimiento. En la USAF fue asignado como comandante de la Escuela
Superior de Comando y Estado Mayor, Maxwell AFB, Alabama, ayudante del
Vice–presidente de los EE.UU. y subdirector para acciones de guerra en
el Cuartel General de la USAF. El Coronel Warden es el autor de Air Campaign:
Planning for Combat y es graduado de la Escuela de Guerra Nacional.
|
|