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| Kasserine 1943 Diciembre 25 de 1942 a Febrero 26 1943 Las fuerzas del Eje debían mantener divididas a las fuerzas aliadas, superiores a las propias, en espera de que pudieran llegar apresuradamente refuerzos desde Italia, pues sólo manteniendo la presión sobre Kaserine, en el sector meridional, sería posible impedir que Eisenhower concentrase sus fuerzas en dirección a Bizerta y a Túnez, en el sector septentrional. La batalla de Kasserine fue la última acción victoriosa que Rommel llevo a cabo en el Norte de Africa y el terreno ganado en Túnez, aunque de poca importancia, hizo temblar a los mandos aliados en Africa Septentrional y fue una lección provechosa en el arte de la guerra.
Arnim había asumido el mando del sector que los alemanes e italianos llamaban “la cabeza de puente tunecina” a primeros de diciembre, y esperaba conservarla por tiempo indeterminado, tal como había ocurrido Salónica durante la primera Guerra Mundial. Para consolidar sus defensas, Arnim se dispuso a asegurarse el dominio de una cadena de alturas, como por ejemplo la dorsal oriental que se extiende al sur de Túnez y domina la llanura vecina al mar, pues ocupando los pasos montañosos podría establecer un sólido contacto entre sus fuerzas y las del mariscal Rommel en retirada. La primera acción emprendida por Arnim con este fin concluyó el 25 de diciembre de 1942, tras el abandono, por parte de los franceses, del paso Picho, que se encuentra a unos 120 km al sur de Túnez.
A primeros de enero de 1943, como Eisenhower se encontraba en Argel, a 640 km del frente, se estableció un puesto de mando avanzado en constantina, donde el general de división lucían Truscott, Jr. Debería mantener a Eisenhower al corriente del desarrollo de la batalla y representarlo entre las unidades combatientes. Pero Truscott era un general de reciente nombramiento y además Constantina estaba a 320 km del frente. En la práctica, la responsabilidad del mando en campaña correspondió al teniente general sir Kenneth Anderson, comandante del Ejército 1 británico, quién tanía bajo su dependencia el Cuerpo de Ejército V inglés, el Cuerpo de Ejército XIX francés y el Cuerpo de ejército II norteamericano. Esta aparentemente clara y normal articulación del mando en campaña no era, en realidad, muy funcional, a causa de las dificultades inherente a una guerra de coalición: divergencias por intereses políticos que no siempre coincidían, características nacionales, un Estado Mayor y procedimientos de mando diversos, etc: a todo lo cual se unía, en el caso de los franceses, la diferencia de lengua. Además, las unidades británicas, norteamericanas, y francesas estaban muy mezcladas en toda la línea del frente, a pesar de la “continua preocupación “de Anderson –como él mismo diría más tarde- “de poner orden en aquella confusión y designar un sector a cada una de las tres naciones”, Los franceses, todavía resentidos por el ataque contra Mers-1l-Kebir, se negaron resueltamente a combatir bajo mando británico, declarándose dispuestos tan sólo a coordinar sus operaciones. De este modo, la integración angloamericana, en realidad limitada al mando de las fuerzas aliadas por parte de Eisenhower, no se pudo aplicar a los franceses. Mientras Giraud y Eisenhower coordinaban las operaciones en Argelia y Juin y Truscott hacían lo mismo en Constantina, Anderson intentaba, basándose en la lógica que le sugería su posición, imponer su autoridad a las fuerzas que luchaban en el frente. Por desgracia, el general Anderson aun siendo un hombre de mucho valor, no logró comunicar su entusiasmo a sus subordinados norteamericanos, quizá a causa de su reserva natural que éstos tomaron por frialdad. Esta era la situación
en el campo aliado cuando Arnim, que acababa de conquistar el paso Pichón,
atacó el 3 de enero de 1943, a las unidades francesas que defendían
la vecina garganta de Fondouk, obligándolas a batirse en retirada.
El día 18 Arnim atacó nuevamente a los franceses, apoderándose
esta vez del paso situado más al Norte, en Pont du Fahs, y provocando,
como consecuencia, una doble reacción: Eisenhower insistió
para que los franceses combatiesen a las órdenes de Anderson o se
retirasen de la lucha, y Giraud se declaró de acuerdo con ello,
de modo que Eisenhower y Anderson decidieron que apenas llegasen otras
fuerzas norteamericanas a Túnez relevarían a los franceses,
los cuales serían enviados a retaguardia para ser equipados con
armas más modernas. VON ARNIM CONSOLIDA LA CABEZA DE PUENTE
Por su parte, también las dos potencia del eje, lo mismo que los anglo-franco-americanos, tenían que enfrentarse con los problemas impuestos por una guerra de coalición. Como Hitler estaba preocupado por la marcha de la campaña contra la Unión Soviética, Mussolini había asumido la dirección de la guerra en el Mediterráneo a través del Mando Supremo de las Fuerzas Armadas italianas, cuya sede estaba en Roma. En Roma se hallaba también el comandante en jefe alemán para la zona del Mediterráneo, el mariscal Albert Kesselring, quién, aunque oficialmente estaba investido de escasa autoridad, se las ingeniaba para conciliar las opiniones, tantas veces opuestos, de alemanes e italianos. Arnim, que partía de un punto de vista fundamentalmente defensivo, a primeros de febrero de 1943 disponía de unos 100.000 hombres, indudablemente habría tenido más si la batalla de Stalingrado, que había llegado a su punto culminante en enero, no hubiera influido sobre las reservas disponibles. Por su parte, Rommel, siempre propenso a la táctica ofensiva, estaba trasladando los 70.000 hombres de su Panzerarmee a las fortificaciones de la línea de Mareth, al sur de Túnez, Para ocupar estas defensas, en las cuales esperaría al Ejército 8 de Montgomery, emplearía unas dos semanas. Las fuerzas aliadas presentes en Túnez sumaban alrededor de los 150.000 hombres. El día 4 de febrero, Rommel propuso que los ataques de Arnim en la dorsal oriental se hicieran más amplios; en efecto, mientras Arnim continuaría avanzando a lo largo de 32 km en dirección oeste, desde Faid a Sbeitla, Rommel atacaría Gaísa. Estas operaciones en caso de tener éxito, se podrían desarrollar hacia Tébessa, con objeto de destruir la división acorazada norteamericana enviada recientemente a aquel lugar, impedir a los ingleses que avanzaran hacia túnez y Bizerta y permitir la conquista de Bona, en la costa septentrional. Una gran victoria en el Norte de Africa quizá compensaría, parcialmente, la capitulación de von Paulus y de su Ejército . Desde luego la propuesta de Rommel era audaz. Solo había transcurrido una semana desde que supo que se le destituiría del mando. Sus fuerzas, bajo la nueva designación de Ejército I italiano, pasarían a las órdenes del general Giovanni Messe. El Mando Supremo italiano insistía en la construcción de un mando de Grupo de Ejércitos formado con tropas de Arnim y de Messe; Rommel, aunque era uno de los más indicados candidatos para el mando del Grupo de Ejército, en su condición de jefe más antiguo del Eje en el Norte de Africa, debía en cambio volver a la patria, a causa de su precaria salud y también, como se decía, a causa de ciertas apreciaciones que había expresado sobre el valor y el sentimiento del honor del soldado italiano. El Mando Supremo - y la cosa parece bastante sorprendente – aprobó con circunspección el consejo de Rommel, cediendo quizá a los convincentes argumentos adoptados por Kesselring, quién tuvo una entrevista con los dos comandantes alemanes. Juntos, decidieron lanzar una pequeña operación que consistiría en dos ataques limitados: Arnim avanzaría unos 19 km, desde Faid a Sidi Bou Zid, con dos divisiones acorazadas; Rommel debía avanzar sobre Gtsa, con una unidad italo-alemana, designada con el nombre de destacamento del Afrikakorps. Tanto Kesselring como Rommel se daban cuenta de que un éxito les conduciría a una operación de mayores proporciones, cuyo objetivo sería la ocupación de Tébessa, mientras Arnim se contentaría con consolidar la posesión de los pasos principales de la dorsal oriental. Arnim compartía con Anderson su falta de interés por los sectores central y meridional de Túnez y opinaba que la batalla decisiva se combatiría en el sector septentrional, a lo largo de las vías de acceso a Túnez y a Bizerta. Durante las dos primeras semanas de febrero, la actividad en el frente pareció entrar en un período de calma. Los comandantes y los Estados Mayores aliados se preguntaban, con los nervios en tensión, dónde y cuándo desencadenarían los alemanes el siguiente golpe. Pero de improviso, el oficial del Servicio de Información de Eisenhower anunció que sabía con certeza cuáles eran las internaciones del enemigo. Todavía es un misterio si los dispositivos de control aliado habían captado una comunicación del adversario o si la información había sido facilitada por un agente que se hallaba entre los mandos alemanes, pero el hecho es que la noticia parecía fuera de toda discusión: los alemanes pensaba atacar a través de Fondouk para dirigirse al Noroeste, abriendo una brecha en las difensas francesas y caer, por consiguiente, sobre el flanco de las fuerzas británicas. La reacción inmediata de Anderson fue prepararse para responder con toda la energía que se podía esperar de él. Como consideraba que los franceses eran demasiado débiles y los norteamericanos demasido inexpertos para reaccionar, advirtió a Fredendall y a Koeltz que avandonasen las posiciones que defendían apenas advirtieran signos de movimiento de las fuerzas enemigas, y que se replegaran, en una rápida conversión, hacia la dorsal occidental. Ni uno ni otro acogieron
con agrado aquella orden. Koeltz se manifestaba contrario a ceder
terreno sin comabtir y arguyó, además a ceder terreno sin
combatir yarguyó, además que sus fuerzas correrían
el riesgo de ser envueltas durante la retirada por las fuerzas alemanas,
muy mecanizadas. Fredendall confiaba en poder resistir el ataque enemigo,
a pesar de que sus tropas relativamente escasas, estaban diluidas en un
despliegue que compendía una amplia zona, con un frente de 160 km.
UN PLAN IMPECABLE DE ATAQUE.
Anderson que esperaba que el golpe se descargaría mucho más al Norte, consideró este ataque como una maniobra diversiva. Sin embargo, el elevado número de pérdidas norteamericanas, tanto en hombres como en material, y las apremiantes llamadas de Fredendall, le indujeron a destacar sin dilación un batallón de carros de las fuerzas norteamericanas acorazadas en el sector francés. Aunque todo continuaba tranquilo en las proximidades de Gaísa. Anderson, con la aprobación de Eisenhower, dio instrucciones a Fredendall para que abandonase la ciudad, a fin de concretar sus propias fuerzas y reforzar el flanzo derecho. Fue un éxodo desordenado, que se desarrolló necesariamente en la oscuridad más completa. Se dirigieron hacia Fériana,a 64 km de distancia, donde las fuerzas que guarnecían las instalaciones de la retaguardía perdieron la serenidad y, presas de pánico, comenzaron a destruir los depósitos de abastecimientos. El 15 de febrero, la División Acorazada 1 norteamericana, mandada por el general de división carro de combate norteamericano Sherman. La División Acorazada 2 estadounidense, sin la menor experiencia en la guerra en el desierto, se halló en franca desventaja ante los veteranos del Afrikakorps. En dos días de combate,desarrollado entre el 14 y el 15 de febrero de 1943, dicha división perdió 98 carros de combate, 57 vehículos semi orugas y 29 piezas de artillería. Orlando Ward, contraatacó desde Sbeïta para conquistar Sidi Bou Zid, pero con resultado negativo. El intento costó la pérdida de otro batallón e carros – de los 58 que entraron en combate se salvaron solamente 4 – y de 15 oficiales y 298 hombres de tropa. En dos días, Ward había perdido 98 carros de combate, 57 vehículos semiorugas y 29 piezas de artillería. Para ayudarle a mantener una línea defensiva, Anderson le asignó el resto de las unidades acorazadas, retirándolas del sector francés. Aquella noche, 231 norteamericanos abandonaron furtivamente el Yébel Lessouda y se pusieron a salvo, mientras otros 1600 continuaron resistiendo en la aislada altura de Ksaira. Mientras tanto, Rommel, después de haber atravesado Gafsa, hacia Féridana, ultimó su larga retirada de Egipto y su retaguardia logró atravesar la línea de Mareth. El día 16, algunos elementos alemanes, en el intento de avanzar hasta Sbeita, provocaron momentos de pánico en las filas aliadas, rápidamente superados, pues Ward logró replegarse y establecer una línea defensiva. Returo Sbeïtla todo el día 17; luego, gracias a la ayuda que le habían proporcionado los 1600 defensores de Ksaira, se retiró en buen orden a Kasserine. Por la mañana del día 17, las fuerzas de Rommel entraron en Fériana, mientras la retirada de los Aliados estaba ya en pleno desarrollo. Los dos aeródromos habían sido abandonados, después de que los soldados destruyeran más de 270.000 litros de gasolina, 34 aparatos y las instalaciones y almacenes. Sin embargo, los alemanes pudieron salvar aún unos 22.000 litros de carburante para aviones y grandes cantidades de municiones, víveres y otros materiales. El mismo día 17, unidades pertenecientes a la División Acorazada 6 y a la División de Infantería 34, se trasladaron al sector defendido por el Cuerpo de Ejéricto XIX de Kaeltz y cerraron el paso de Sbiba. La conquista de Sbeïtla
y de Féeriana encendió la fantasía de Rommel, quien
insistió para que se aprovechase a fondo el éxito, a fin
de aumentar el desorden en el campo aliado. Un avancae oportuno sobre
Tébessa conduciría a la posesión de un punto clave,
abriendo la carretera de Bona y quizás también la de Constantina.
Pero Arnim, que no comprendía la intuición de Rommel, alejó
de Sbeïtla una de sus dos divisiones acorazadas a fin de reforzar
sus defensas situadas más al Norte. Rommel entonces, no pudo
hacer otra cosa que aceptar la realidad, pues la autoridad de Arnim era
igual a la suya y, además, faltaba la coordinación del Mando
superior que hubiera podido imponer una decisión. Se resignó,
por lo tanto, a considerar como concluida la segunda fase de la batalla.
El Mando Supremo, cediendo a instancias de Kesslring, autorizó a Rommel a dirigir lo que se transformaría en la fase culminante de la batalla. Reconociendo que “ahora se ofrecía una ocasión que no volvería a presentarse de lograr un écito decisivo” y juzgando que era improbable que las posiciones de Mareth fueran atacadas antes de que transcurriera una semana o incluso más, el Mando le permitió que llevara a cabo “ciertas operaciones" para atacar en dirección de El Kef, a 110 km al norte Kasserine, aislando entre si las unidades francesas y ejerciendo presión sobre las inglesas. El mando del grupo Rommel también tendría a su disposición el recien constituido Ejército 1 italiano, a las órdenes de Messe. Arnim no quedaría sometido a la autoridad de Rommel, pero le apoyaría son un tenaz ataque contra los ingleses en el sector Norte. Rommel, aunque contento con la posibilidad que se le ofrecía, se sintió desilusionado al saber que el objetivo inicial seria el Kef. En su opinión, el Mando supremo había ordenado una maniobra de escasa importancia, apuntando más a un triunfo táctico que a una victoria estratégica. Pero Kesselring creia que la directiva era lo suficientemente elástica para permitir a Rommel atacar donde mejor creyera, y esperaba de él un ataque principal Tébessa y otro secundario y demostrativo contra el Kef; este último para satisfacer al Mando. Pero en esta ocasión, Rommel interpretó la directiva al pie d la letra y elaboró un plan que preveía el ataque a El Kef según dos direcciones: el destacamento del Afrikakorps debía avanzar a través de Kasserine y la 21ª Panzerdivisión a través se Sbiba; una vez localizadas las defensas, que suponia más bien débiles, lanzaría al ataque la 10ª Panzerdivisión. La inactividad del día 18 fue muy provechosa para los Aliados. El general Alexander inspeccionó el sector inglés el día 16 de febrero, el francés el 17 y el norteamericano el 18, y quedó asombrado de la confusión y del pesimismo que reinaban en el sector del Cuerpo de Ejército II. El día 19 asumió el mando de todas las fuerzas terrestres aliadas, al tiempo que Rommel lanzaba su ataque. Las primeras órdenes cursadas por Alexander fueron sencillas y claras: los Aliados no debían ceder en Sbiba ni en Kasserine. En Sbiba, las fuerzas de Rommel encontraron una tenaz resistencia por parte de las unidades británicas, francesas y americanas, y muy pronto la 21ª Panzerdivisión se vio empeñada en una acción estática para no ceder terreno. Por el contrario, en Kasserine, ya al segundo día de la batalla, Rommel se aseguró la posesión del paso y desde allí envió el destacamenteo del Afrikakorps a la izquierda, hacia Tébessa, con el fin de efectuar una movimiento diversivo; el grupo mixto italo-alemán avanzó 19 km, hasta que fue detenido por fuerzas norteamericanas y francesas que se batieron deseperadamente. La 10ª Panzerdivisión, que soportó el esfuerzo mayor rompió el frente más al Norte, penetrando en dirección a Thala, y rebasó las defensas americanas; pero, más adelante, se encontró con la obstinada resistencia de los ingleses. Anderson, en vista de que las posiciones de Sbiba se mantenían sin ceder y que la División 34 norteamericana de Ryder se batía bien, cursó instrucciones a Keightley a fin de que se enviase alOeste, hacia Thala, una parte de su División Acorazada 6. La Brigada Acorazada 26, del general Charles Dunphie, cerrada, combatiendo heroicamente, la carretera que conducia a Thala, mientras el general de brigada G.C. Nicholson, segundo jefe d ela división se ponía al frente de un grupo cada vez más numeroso de defensores británicos. Pero los hombres de Dunphie tuvieron que ceder al fin ante los alemanes que avanzaban, no sin habeerles infligido duras pérdidas. Al anochecer, los restos de la Brigada Acorazada 26 se retiraron a las lineas aliadas, protegidos por el regimiento Leicester Pero Rommel, aprovechándose de la confusión, hizo avanzar una columna de carros de combate, a cuyo frente iba un Valentine capturado algunas semanas antes a los ingleses. Esta columna se adelantó al Leicester a favor de la oscuridad y los alemanes cayeron en medio de los carros de combate aliados sin que éstos se hubiesen percatado aún de su identidad. En una lucha desesperada, que duró dos horas y que se desarrolló en plena noche, la columna alemana quedó destruida. La 10ª Panzerdivisión capturó 571 prisioneros, destruyó 38 carros de combate y 28 cañones: pero no logró entrar en Thala. Sin embargo, en aquel momento, la línea defensiva inglesa carecía totalmente de consistencia. Anderson, convencido de que era imposible impedir que Rommel se adueñarse de la localidad y bloquearle la carretera para el Kef, ordenó a Koelz (quien protestó enérgicamente) que se preparase para abandonar Sbiba y retirarse 64 Km más atrás. Por una coincidencia que tenía algo de milagroso, el general de brigada Le Roy Irwing, que cuatro días antes había abandonado Argelia con su Divisón de Artillería 9, recorriendo los 1176 km sin concederse apenas descanso, llegó a Thala en el momento más oportuno. Durante las primeras horas de la mañana, el comandante del regimiento se puso al frente de los supervivientes en una salida para intentar la reconquista de la altura perdida por el Leicester: alcanzó el objetivo, pero cinco carros de combate, que en la oscuridad habían perdido la orientación, acabaron metiéndose en medio de los carros alemanes y fueron destruidos. Pero su sacrificio hizo sospechar a Rommel que los Aliados estaban recibiendo refuerzoas han considerables que ya no le seria posible esperar posteriores éxitos. Así, pues, la tarde del día 22 decidió interrumpir la ofensiva, y aquella misma noche empezó a retirarse de Kasserine y de Sbiba; pero supo ocultar tan bien sus movimientos que los Aliados ni siguiera se dieron cuenta de que la batalla había terminado. Anderson, que seguía creyendo que Sbiba caería durante la noche, continuó adoptando medidas drásticas. Ordenó a Nicholson que hiciera retroceder la artillería de Irwing a El Kef, y a Koeltz, como ya se ha dicho, que abandonase Sbiba. Pero antes de que Nicholson tuviera tiempo de poner en movimiento los cañones de Irwing, llegó de Marruecos el general de división Ernest Harmon, enviado por Eisenhower, para cooperar con el general Fredendall en calidad de primer ayudante. Harmon asumió rápidamente la dirección de la batalla de Kasserine, y revocó la orden de Anderson referente a la retirada de la artillería. Entre tanto, los mandos aliados
habían observado ya que Rommel aligeraba la presión; pero
temían que reemprendiese los ataques, por lo que dudaron en lanzarse
en persecución de las fuerzas del Eje.
En el interin, el Mando supremo había nombrado a Rommel comandante del Grupo de Ejércitos de Africa, poniendo a sus órdenes directas a Arnim y a Messe. Los combates de Kasserine, costaron al Eje unos 2000 hombres y a los Aliados casi 10.000. De los 30.000 norteamericanos del Cuerpo de Ejército II cayeron unos 6500. En cuanto al material, se elevaron a 183 carros de combate, 194 vehículos semiorugas, 208 piezas de artillería y 512 camiones y jeeps, además de una considerable cantidad de carburante, municiones y víveres. La batalla del paso de Kasserine fue un encuentro entre dos grupos opuestos de fuerzas de coalición. El eje no logro asimilar la técnica de las operaciones combinadas, en tanto que su adversarios lograron que fuera realmente eficaz un mando interaliado. En el transcurso de aquellos días críticos se revelaron, en toda su dimensión, los jefes – Eisenhower, Alexander, Juin, y otros que llevarían al fin a las fuerzas aliadas a la victoria final. |
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