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LAS ULTIMAS OPERACIONES 1942 PRIMER ASALTO DE LAS ULTIMAS BATALLAS.
Aun después de las rotundas derrotas sufridas en octubre en el “ Bloody Ridge”, el Mando Supremo Imperial nipón se negó a admitir que debía abandonarse Guadalcanal y continuó preparando los planes para otra ofensiva destinada a expulsar a los americanos. Sin embargo, a pesar de las victorias conseguidas contra los cruceros estadounidenses, que intentaban interceptar el flujo vital de los convoyes de abastecimiento japoneses, era imposible ignorar que la lucha por la isla se había convertido ya en una especie de pozo sin fondo, que se tragaba a los soldados y a los aviadores, indispensables en otros sectores, y que el precio que suponía la continuación de aquella lucha sería mayor que las desventajas representadas por el abandono definitivo de la isla.
En las bases de Truk, Rabaul y de las islas Shortland se estaban concentrando los buques de transporte japoneses; mientras que en Espíritu Santo y en Numea, la fuerza anfibia del contraalmirante Turner estaba efectuando apresuradamente operaciones de embarque. Los americanos fueron los primeros en terminar los preparativos; pero mientras tanto, el indómito contraalmirante Tanaka había reemprendido, a lo largo del Slot, las carreras nocturnas del "Tokyo Express". El día 11 empezaron a llegar las unidades de transporte de Turner y, durante dos días, mientras los cazas del aeródromo Henderson rechazaban los ataques de los bombarderos japoneses, se desembarcaron apresuradamente tropas de refresco y abastecimiento. Pero el día 12 llegó la noticia de que grandes unidades de superficie japonesas, entre las cuales había algunos acorazados, se dirigían a Guadalcanal, donde llegarían aquella misma noche. Aunque una formación norteamericana, que comprendía el portaaviones Enterprise (en el que los equipos de reparaciones estaban aún trabajando para poner de nuevo un funcionamiento el montacargas averiado) y los nuevos acorazados Washington y South Dakota, también estaba llegando a toda máquina desde Numea, no podría estar en Guadalcanal antes del 13, Por lo tanto, mientras los buques de transporte se retiraban se confió a los cruceros y destructores de escolta (mandados por el contraalmirante Daniel Callaghan) la misión de hacer frente a la formación japonesa. En esta última figuraban los acorazados Hiei, en el que ondeaba la insignia del vicealmirante Hiroaki Abe, y Kirishima (armados con 8 cañones de 356 mm); el crucero ligero Nagara y 14 destructores. inicio La formación de Callaghan, que comprendía los cruceros pesados San Francisco (bugue insignia) y Portland (con 9 cañones de 203 mm), los cruceros ligeros Helena (15 cañones de 152 mm), Juneau y Atlanta (16 cañones de 127 mm) y 8 destructores , podía considerarse un eficaz adversario para los japoneses en una batalla nocturna, en la que, probablemente, la victoria correspondería al bando que consiguiera asestar el primer golpe, pues algunas de las unidades americanas tenían la inestimable ventaja de disponer de radar. El San Francisco, sin embargo, no lo tenía; y, para estar debidamente informado, Callaghan debía contar con el Helena. Cuando la formación se encontrase con el enemigo, sería mucho lo que dependería de a eficacia del sistema de comunicaciones y de una utilización disciplinada de la radio. El contraalmirante Scott, ahora embarcado en el Atlanta, había pasado ya por una triste experiencia en la batalla de cabo Esperance.
Mientras tanto, después de pasar entre las islas de Santa Isabel y del Florida,la división del almirante Abe estaba doblando la isla de Savo, y se aproximaba a una velocidad de 25 nudos. Abe había destacado a tres de sus destructores para que patrullasen las aguas del oeste de Guadalcanal. El crucero Nagara y seis destructores formaban una pantalla cuneiforme alrededro de los dos acorazados, que navegaban uno tras otro; otros dos detructores procedían delante del alado izquierdo de la cuña, haciendo de defensa exterior, y otros tres, que debían encontrarse en una posición simétrica a la derecha no habían conseguido mantenerla y se encontraban retrasados. A las 01,24 horas esta formación apareció en la pantalla de radar del Helena, a una distancia comprendida entre 13.5 y 16 millas. Informado de la localización por el radioteléfono TBS (Talk Between Ships, comunicación verbal entre buques), Callaghan hizo virar a su formación, primero hacia el enemigo, para establecer contacto, y después, una vez comprobado el rumbo y la velocidad del adversario, en dirección Norte, cruzando la ruta de los japoneses a una velocidad de 20 nudos.inicio PRIMER ASALTO DE LAS ULTIMAS BATALLAS.
El Cushing viró en seguida a babor para evitar la colisión; las unidades que lo seguían, sorprendidas, intentaron seguir su estela, pero no consiguieron otra cosa que amontonarse una al lado de otra. En medio del confuso balbucero procedente de la radio, el almirante americano no conseguía comprender lo que estaba ocurriendo. A las 01,45 dio aviso previo: <<Mantenerse en preparados para abrir fuego>>. En realidad, como no se había identificado ningún objetivo con precisión, no podía hacer nada más. El rígido sistema de mando vigente en las formaciones navales americanas no permitía que ninguna unidad abriese fuego por iniciativa propia. Así, durante cinco largos minutos, no sucedió nada; pero los buques que iban en cabeza de la formación japonesa aprovecharon aquellos momentos para colocarse alrededor de los buques americanos. Después, de forma inesperada y dramática, desgarró la oscuridad el blanco rayo de los reflectores, que se concentraron en el Atlanta. Una lluvia infernal de proyectiles, disparados a quemarropa, cayó sobre el buque, matando al almirante Scott y a casi todos sus oficiales. Fue entonces cuando el buque insignia americano dio la orden de abrir fuego. Los japoneses, que se habían recuperado rápidamente de la sorpresa y podían actuar con mayor iniciativa, aprovecharon hábilmente la confusión. Las <<largas lanzas>>, sus famosos torpedos, no tardaron en entrar en escena; uno de ellos inmovilizó al Atlanta y otros alcanzaron a los destructores Cushing y Laffey, que se hundieron. El Sterett quedó fuera de combate, se incendió y tuvo que abandonar la acción. Mientras tanto, los cruceros pesados de Callaghan habían entrado por fin en acción: el San Francisco mantuvo bajo un breve pero denso fuego a un destructor, iluminado por las bengalas, antes de transportar el tiro de sus cañones a distancia más corta, contra un "pequeño crucero o gran destructor". Dos salvas completas de proyectiles de 203 mm habían alcanzado e incendiado este objetivo cuando aparecieron los acorazados japoneses; los cañones del crucero dirigieron entonces el fuego contra estos nuevos adversarios. En aquel momento Callaghan, con gran desconcierto, se dio cuenta de que quizá el "pequeño crucero o gran destructor" fuera en realidad el acribillado Atlanta, y que otras de sus unidades estaban cometiendo el mismo error. El almirante ordenó suspender el fuego. inicio
También los destructores americanos que figuraban en la cola fueron muy castigados. El explorador de flotilla Aaron Ward se vio sometido a un intenso fuego y tuvo que deternerse, con la sala de máquinas inundada; el Barton, alcanzado por dos torpedos, se hundió; el Monseen, abandonado cuando era ya presa de las llamas, estalló. Sólo el Fletcher, guiado por su nuevo radar, consiguió salvarse. Pero tampoco los japoneses habían salido indemnes de la batalla. El destructor Akatsuki se hundió y el Yudachi resultó gravemente averiado e inmovilizado. De los acorazados, el Kirishima, que prácticamente no había sido alcanzado por ningún proyectil, se había alejado hacia el Norte, incólume, seguido por el resto de los destructores y por el Nagara. El buque insignia Hiei, en cambio, llevaba las señales del fuego enemigo. Numerosos disparos le habían causado avería,y se alejó con dificultad hacia el Oeste. Al amanecer, el Ironbottom Sound apareció lleno de buques maltrechos. El más devastado era el desgraciado crucero Atlanta, con la cubierta y el puente casi destruidos; lo remolcó un remolcador procedente de Guadalcanal, pero después lo tuvieron que hundir. Al Portland y al Aaron Ward los remolcaron hasta Tulagi. El San Francisco, cuyas superestructuras estaban reducidas a chatarra; el Juneau, que se mantenía a flote con dificultad, y el Sterett, el O’Bannon y el Fletcher, se alejaron guiados por el Helena. La batalla había terminado, pero ambos bandos sufrirían aún graves pérdidas. A la formación americana, que se estaba retirando hacia Espíritu Santo, la esperó al acecho un submarino japonés. El Janeau, alcanzado en su parte central, estalló y se hundió; de toda la tripulación sólo se rescataron diez hombres. Mientras tanto, el Hiei, se alejaba lentamente del escenario de la batalla, Pero unos aviones torpederos del Enterprise, que operaban ahora desde el aeródromo Henderson, lo localizaron al norte de la isla de Savo y, en el curso de la tarde, lo atacaron y lo inmovilizaron, dejándolo como fácil blanco para sucesivas incursiones. La fuerte coraza del buque resistió la acción de numerosas bombas; pero los hombres de la tripulación comprendieron que no lo podrían salvar. Los recogieron algunos destructores que acompañaban al acorazado y éste fue hundido. Se trataba del primer acorazado perdido por los japoneses en la guerra. Terminó así el primer asalto de la lucha por el dominio de las vías de acceso a Guadalcanal. |
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